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Comer es una necesidad, pero tenemos mil maneras de satisfacerla, entre ellas, de una forma rutinaria o convirtiéndola en un placer. Si optamos por convertirla en un placer podemos hacerlo de distintas maneras y decidir con quién queremos compartirla (amigos, familia, compañeros de trabajo…).

 Está claro que nuestra cultura ha convertido el hecho de satisfacer una necesidad en una excusa para reunirnos, dejando en un segundo plano la simple necesidad.

pernil serrà

Nos reunimos alrededor de una mesa para tratar cualquier aspecto de la vida, pasando de un tema a otro, porque cuando se habla de cualquier tema, no hay límites. Podemos empezar hablando de la pobreza y acabar hablando de la riqueza, mientras tomamos una copa de vino o comemos una tapa de jamón. Hablamos de economía, de la sociedad, la cultura y volvemos a tomar una copa de vino y un poco de jamón. Al final llegamos a la conclusión de que arreglamos el país alrededor de una mesa, pero, a la que nos levantamos de la mesa, todo vuelve a  ser como era antes de la copa de vino i la tapa de jamón; eso sí, durante este rato hemos hecho el mundo a nuestra medida… pero siempre cubriendo una necesidad.

Si lo pensamos fríamente. ¿Hace falta sentarnos a la mesa para  ”arreglar el país”? Quizás no, pero si no lo hacemos entonces, ¿cuándo lo haremos? ¿cuando vayamos de compras o  al cine o cuando disfrutamos del Barça?, no en esos momentos estamos para otras cosas. Tenemos la suerte de que podemos sentarnos a la mesa y discutir sobre cualquier tema, eso sí, siempre para satisfacer una necesidad tomando una copa de vino y un poco de jamón.

¿Creéis que a menudo valoramos más la compañía que la comida en sí al sentarnos a la mesa?