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Hace unos días vino una familia a comer a restaurante. Los hijos pidieron macarrones. La madre me preguntó cómo los hacía Claudi ya que su hijo le decía que eran mejores que los que comía en casa. Y Claudi me lo explicó:

macarrons (3)

En una cazuela pone un poco de aceite.  A fuego lento pone la picada de ternera y la va rustiendo. Cuando la carne está rustida y parece que se engancha a la cazuela, ralla un par de dientes de ajo y una cebolla grande. Va removiendo hasta que la cebolla se carameliza. Entonces echa el tomate frito. En otra cazuela con agua, sal y aceite hierve los macarrones y, cuando están cocidos, los añade al sofrito.  El no los enfría, los escurre y los echa directamente. Un par de vueltas y ya están.

Cuando le expliqué la receta a la madre, me comentó que ella los hacía igual pero sin cebolla porque a los niños no les gusta. En casa se los comen con cebolla pero como está rallada no la ven. Quizás ese es el secreto. Claudi dice que a pesar de ser un plato muy sencillo requiere paciencia, no quiere prisas.